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Los médicos presentes en las fiestas cocteleras corren el riesgo de tener que escuchar una lista de dolores y molestias sufridos por un desconocido total. Los abogados tendrán que aguantar el bombardeo de preguntas sobre contratos o sobre como se consigue un amparo. ¿Y yo? A mi me preguntan por un remedio para jetlag, el desfase horario.

 


 

El jetlag como palabra ha sido incorporado a la lengua castellana. Hasta los franceses utilizan el término. Aquí el purista ocasional se refería a la dolencia como una cruda de viaje. Al igual que la tradi­cional cruda, esta tiene innume­rables remedios, ninguno de los cuales son infalibles.

Bueno, hay uno que si lo es. La tradicional cruda puede evitarse negándose a chupar. Y la cruda de viaje puede evitarse quedándose en casa. Para la mayoría de la gente, estas curas ofrecidas son peores que la dolencia misma. Pregunta a cualquier persona que haría si dispusiera de un tiempo y dinero ilimitado y la respuesta sería “viajar”.

Esto nos trae de nuevo al desfase horario, y bien podríamos seguir con jetlag, lo que se ha convertido en un término internacional. Es mejor usar una palabra en lugar de dos. Según mi diccionario, el jetlag es un trastorno personal de los ritmos corporales provocado por un viaje a alta velocidad a través de varias zonas horarias en una aeronave tipo “jet”. Físicamente podrás estar en Madrid en una mañana dominguera, pero tu mente y tu cuerpo siguen estando en casa en un sábado por la noche. O por lo menos quisieran estarlo.

Eso puede ser más que un sentimiento de desazón. Cualquier persona que se halle de vacaciones en Europa está deseando empezar, salir a ver la panorámica, pero el cuerpo desea encontrar la cama más próxima. Todo esto sin duda es peor para un ejecutivo que se encuentra en viaje de negocios. ¿Cómo puede uno recorrer las negociaciones de un contrato importante sin echar una cabezada?

Las aerolíneas sugieren que volemos por primera clase donde los asientos se convierten en camas y el viajero puede despertarse fresco como una lechuga, listo para enfrentarse a un nuevo día. Algunas aerolíneas llegan a ofrecer vestidores con regadera en sus salas VIP para los pasajeros de primera clase que van llegando. La mala noticia es que esas exquisitas comidas y vinos ofrecidos a los pasajeros de primera clase deben rehuirse según los numerosos consultores que aconsejan sobre el modo de evitar el jetlag. Eso viene a constituir cierto consuelo para quienes no se pueden costear un boleto de primera clase, que cuesta tres o cuatro veces más que cualquier pasaje en clase turista. Con todo y sus descuentos.

Aún los afortunados que se las arreglan para dormir en los aeroplanos es probable que se sientan algo mareados cuando recogen su equipaje y pasan las inspecciones de inmigración y de aduanas. Los peritos aconsejan quedarse despierto y salir a tomar el sol como medio de ayuda a que el cuerpo se ajuste. Los hoteles colaboran a este respecto. Pocos de ellos permitirán que un recién llegado se dirija a su cuarto después de las tres de la tarde.


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