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Por Daniel Olivares Villagómez.

  • La estulticia viaja en moto.
  • Las afectaciones al turismo y al excursionismo.

La autopista a Cuernavaca fue inaugurada en 1952, por lo que está a punto de cumplir 70 años. Aunque ha tenido algunas ampliaciones, su trazo es el mismo: Complicado y curveado para remontar la Serranía del Ajusco en lugar de atravesarla, como demandaría el intensísimo tránsito que soporta en la actualidad. Los innumerables balnearios del estado de Morelos y los destinos turísticos de Guerrero y la Costa Oaxaqueña dependen de su correcta operación. Cientos de miles de paseantes, turistas, hombres de negocios y público en general la necesitan vitalmente todos los días, por lo que es inaceptable que la irresponsabilidad de unos cuantos inmaduros, con evidentes problemas de personalidad, acarree pérdidas millonarias, retrasos, daños, perjuicios, lesiones y muertes.

Desde hace tiempo en esta columna se hizo notar la necesidad de controlar a los inconscientes gamberros en moto que, frecuentemente, en especial los fines de semana, que es cuando mayor carga vehicular tiene la carretera, la utilizan como pista de carreras sin importarles nada afectar a los pacíficos usuarios que sí respetan las normas de tráfico. Los lógicos y recurrentes accidentes obligan a cerrar la autopista por 6 o mas horas, y todo porque a estos prófugos del entendimiento les parece buena idea lanzarse masivamente a 260 kilómetros por hora, alcoholizados y drogados, (con lo que terminan de afectar su ya de por sí escasa capacidad neuronal) constituyéndose en verdaderas lacras: Las conductas proyectadas en los medios de comunicación en los últimos días dan cuenta de que a estos desequilibrados mentales no se les podría confiar la conducción ni de un triciclo infantil: Demuestran que tanto ellos como su entorno familiar no es favorable ya no digamos a la reflexión, sino al simple acto de usar el cerebro: El padre de una fallecida dice a la cámara, autoconfortándose, que “iba contenta” momentos antes de que el desquiciado que la llevaba en grupa deshiciera su cuerpo estrellándolo contra vehículos y pavimento. Y el colmo: Los estultos deudos de los fallecidos convocan a una rodada para honrarlos, como si hubieran sido héroes y no los probados gaznápiros a los que no les importó perjudicar, dañar, herir y matar.

Urge, y a ver si todo esto al fin hace reaccionar a las autoridades, meter en cintura a los motociclistas, no solo en carreteras sino también en las urbes: En la CDMX son una verdadera peste, especialmente los repartidores de pizza y de las aplicaciones de comida, súper y similares: simplemente circulan como se les da la gana a exceso de velocidad, en sentido contrario, sobre las ciclovías y banquetas, aventando la moto a peatones y automovilistas, rebasando por la izquierda, circulando entre carriles, y demás etcéteras con total impunidad. Urge hacerlos portar chalecos con sus matrículas para poder identificarlos e infraccionarlos, pues sus minúsculas placas (cuando las portan) no permiten hacerlo. Los legisladores locales todo el tiempo están endureciendo las normas contra los automovilistas, siendo que los verdaderos transgresores del reglamento de tránsito son los motociclistas. Urge que los restauranteros que utilizan repartidores y aplicaciones de envío en moto se concienticen en el hecho de que sus marcas dan una pésima imagen cuando son portadas por cafres que no respetan las vialidades ni a los demás.

                 


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