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  • El sector aéreo el que más las ha padecido
  • De Santa Lucía al Avión Presidencial TP-01

Por Víctor Manuel Bermúdez

El actual gobierno denominado de la cuarta transformación, encabezado por AMLO, se ha distinguido entre otras cosas por llevar al cabo algunas promesas de campaña, sin tener un plan definido de acción, simplemente porque se enunciaron y se tomaron como bandera para lograr que el electorado se volcara en las urnas a su favor.

Durante el desarrollo de la campaña presidencial, el político tabasqueño, prometió cancelar el aeropuerto de Texcoco, vender el Avión Presidencial que “Ni Obama tenía”, construir en la Base Aérea de Santa Lucía el nuevo aeropuerto civil, modernizar el actual Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México (AICM).

Partiendo del sinnúmero de ocurrencias que está plagado el Aeropuerto de Santa Lucía mismo que se inició sin tener un plan maestro y los estudios correspondientes desde el terreno, impacto ambiental, estudios aeronáuticos, entre otros y, que debido a las prisas mandaron hacer uno fast track a la empresa subsidiaria de Airbus, NavBlue, cuyo costo fue de seis millones de dólares, todo para que les dijera que si podía operar el AICM con el de la Base Aérea No.1.

Esto viene a recordarnos el juego infantil de antaño para ejercitar la memoria conocido como: ¡Viene un avión cargado de…! Se completaba la frase como por ejemplo de frutas y los participantes tenían que nombrar una sin repetir. En el tema que nos ocupa como se puede apreciar viene lleno de ocurrencias.

Ya cancelado el Proyecto Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco, del cual nunca pudieron acreditar la corrupción y cambiaron de argumentos desde que iba a salir muy caro, que se iba a hundir, que iba a afectar el lago Nabor Carrillo, amén que se tenían que cerrar dos aeropuertos el de la base militar y el AICM, que en este último se planeaba un desarrollo comercial y urbano tipo Santa Fe y los inversionistas estaban descontentos porque se les cayó un jugoso negocio.

Después el Ejecutivo tomó la decisión de que el ejército construyera el aeropuerto en Santa Lucía no obstante de no tener experiencia en la construcción de puertos aéreos comerciales.

Ahí les saltó un problema, el Cerro de Paula que nunca vieron, pero como es su costumbre trataron de justificar manifestando que estaba contemplado en plan maestro del aeropuerto y que por tanto el costo no se elevaría.

Destaca como demostración de poder la “chicana” que se les ocurrió para echar abajo los 140 amparos que frenaban la construcción en Santa Lucia, indicando la Secretaría de la Defensa que era un asunto de “seguridad nacional” amén de que se reservaba la información clasificada durante cinco años.

La reserva contiene el plan maestro, proyecto ejecutivo, estudios de seguridad y aeronavegabilidad y todo lo relacionado con el diseño, operación, construcción y finanzas del nuevo Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles de Santa Lucía (AISL).

Al respecto una empresa australiana especializada en el sector aeronáutico concluyó que el costo total de Santa Lucía sería 700 millones de dólares más caro que haber terminado el NAIM en Texcoco este costaría 13 mil millones de dólares en tanto el de la base militar terminará costando 13,700 millones de dólares.

Otras ocurrencias se refieren a la conexión entre el Benito Juárez y el General Felipe Ángeles, mismo que ha pasado desde el carril confinado, exclusivo para unir las dos terminales aéreas hasta la continuación del Tren Suburbano que parte ahora desde la estación de Buenavista de la capital del país y que podría extenderse en el futuro hasta la Base Aérea, dijo la SCT.

El carril confinado quedó descartado y se piensa en utilizar Autobuses de Tránsito Rápido para unir a las dos terminales aéreas que podrán utilizar los pasajeros en conexión y empleados que requieran desplazarse al aeropuerto en el municipio de Zumpango, sin especificar cuál será la ruta que utilizará ese medio de transporte.

El cúmulo de ocurrencias lo acapara sin lugar a dudas el Avión Presidencial TP-01, mismo que partió denostado hacia el aeródromo de San Bernardino en California donde todavía permanece hasta hoy y que posteriormente regresará como “Orgullo Nacional” para llevar a cabo en su nombre un sorteo de la Lotería Nacional por 6 millones de cachitos con un costo de 500 pesos cada uno, del cual ya aportaron los “machuchones” de manera “voluntaria” en una tamaliza en Palacio Nacional 1,500 millones de pesos.

Tampoco se ha dicho que se hará con el Hangar Presidencial, si se proseguirá con la ocurrencia de convertirlo en la Terminal 3 o seguirá siendo exclusivo para guardar el TP-01 José María Morelos y Pavón.


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