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Análisis Turístico

Por Daniel Olivares Villagómez.

  • Esfuerzo del Gobierno de México por mejorar las condiciones de vida de la comunidad local en ciudades turísticas.

Se anunció que el gobierno de México destinará importante suma de recursos para mejorar las condiciones de vida de los habitantes locales en las ciudades turísticas

.

Esto es especialmente trascendente pues hay que recordar que una constante en el modo en que se ha impulsado la actividad turística en nuestro país ha sido en gran medida la depredación de la comunidad receptora por parte del equipamiento turístico, que va desplazando paulatinamente a los pobladores locales originales, orillándolos a zonas marginadas, comúnmente en la periferia de los destinos turísticos. Estos espacios marginales generalmente carecen de los servicios públicos fundamentales, lo cual crea una paradoja no solo irritante, sino francamente insultante.

El caso típico es Acapulco, en donde el “Maxitúnel” se construyó en gran medida para ocultar al visitante la pobreza del Anfiteatro. En el excelente estudio “Segregación socioespacial en ciudades turísticas, el caso de Puerto Vallarta”, Enrique Pérez–Campuzano, menciona sobre México: “La urbanización en la zona costera ha estado acompañada de un proceso de cambio económico importante, mismo que incluye el incremento de las actividades portuarias, de extracción de petróleo y el turismo. Esta última ha sido una de las más beneficiadas por los gobiernos mexicanos desde finales de los años sesenta. La promulgación del Plan Nacional de Turismo, en 1963, marcó el inicio de una serie de acciones gubernamentales para impulsar este sector. Una de las principales se centró en la construcción de infraestructura y su promoción, la atracción y financiamiento de inversiones externas y el aprovisionamiento de desarrollo social y económico a las regiones turísticas. Los efectos han sido contradictorios. Por un lado, los proyectos crearon la infraestructura de comunicación y han propiciado el desarrollo económico; pero, por otro, las ciudades turísticas se caracterizan por una segregación espacial alta, aun las planeadas. Las bolsas de pobreza han crecido y el acceso a los servicios públicos urbanos es diferencial, y favorecen a las áreas y sectores con mayores ingresos y los espacios de alojamiento de los visitantes”.

Esta situación es realmente chocante: Quien esto escribe tuvo ocasión, en sus tiempos de estudiante de Administración Turística, de realizar prácticas en hoteles de Cancún, establecimientos de lujo cuyos empleados, sin embargo, vivián en condiciones paupérrimas. Recuerdo que una guapa recepcionista, a la que siempre se le exigía, por ser la cara del establecimiento, inmaculada presentación, me ofreció recibirme con gran cortesía en su casa por unos días. Cual sería mi sorpresa al ver que para el baño diario había de recurrir al “jicarazo”, pues en donde vivía se carecía de servicios públicos.

Este gran contraste se ha profundizado por desgracia, sobre todo en los últimos 30 años, en los que los malos gobiernos que padecimos no se reocuparon más que por sus inversionistas favoritos, sin importarles gran cosa las condiciones de vida de los trabajadores. La especulación inmobiliaria fue terriblemente voraz, tragándose áreas naturales y desde luego desplazando a los pobladores locales más y más hacia la periferia.

De ahí que sea realmente trascendente que el nuevo gobierno atienda por fin este problema, pues no es justo ni ético que los paraísos turísticos estén rodeados de infiernos de marginación.


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