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• El cincuentenario de los Juegos Olìmpicos de 1968.
• La industria turística mexicana asumió como propio el reto y demostró estar a la altura.
El año de 1968 fuè emblemàtico por muchas cosas, en el aspecto turístico el país en su conjunto pasó la prueba de fuego de organizar los XIX Juegos Olìmpicos. Fue la primera vez que un país en vìas de desarrollo se atreviera a contraer tan importante compromiso, y no faltaron voces que ponían en duda la capacidad mexicana para llevar a cabo un evento de tal magnitud.

Para asombro de todos los escépticos, no sólo se logró el objetivo, sino que para muchos, los Juegos Olìmpicos de 1968 fueron enormemente lucidos, e hicieron ver al mundo que la nación mexicana era mucho màs sofisticada y moderna de lo que hasta entonces se creìa en varias partes del mundo. El “Desarrollo Estabilizador” y “El Milagro Mexicano” estaban en boga. La infraestructura carretera y vial, la pujante industrialización y el rápido desarrollo comercial y de servicios asombraron a los que sólo conocían estereotipos malintencionados.

Los preparativos fueron una verdadera proeza en materia de infraestructura y equipamiento con instalaciones muy importantes que se construyeron o remozaron y que hasta la fecha son referentes obligados y atractivos turísticos en sì mismos. Baste decir que las “Olimpiàdas”, como popularmente se le llamó a los Juegos, por primera ocasión pudieron ser vistos en vivo y en directo en todo el mundo, gracias a la entonces novísima tecnología de transmisión vìa satélite. Es fácil decirlo ahora, pero para que eso pudiera pasar, el gobierno federal hubo de construir la cèlebre estación terrena de Tulancingo, en el estado de Hidalgo, con el primer par de antenas parabólicas del país, capaces de enviar y recibir la señal a y desde el “Pàjaro Madrugador”, curiosa traducción del nombre del primer satélite de comunicaciones comerciales: El famoso “Early Bird”. Asì pues, las justas deportivas, y desde luego la inauguración y la clausura, se tomaban en vivo por las càmaras de “Telesistema Mexicano” (antecesor de Televisa) y se enviaban a Tulancingo y de ahì al satélite que los transmitía instantànemente a todo el mundo en maravilloso color, pues recientemente la televisión mexicana había instalado la capacidad técnica para transmitir a todo color y no en blanco y negro como se hacìa en gran parte del mundo.

Las inversiones fueron fuertes para poder tener a tiempo la “Villa Olìmpica”; el “Palacio de Los Deportes”, gran armadillo de cobre; la Alberca Olìmpica “Francisco Màrquez”; el Gimnasio Olìmpico “Juan de la Barrera”; el remozamiento del Estadio Olìmpico Universitario; el Velòdromo Olìmpico; la Pista de Canotaje “Virgilio Uribe” de Cuemanco; la “Ruta de la Amistad”, a todo lo largo del entonces flamante Perifèrico Sur, desde San Jerònimo hasta el propio Cuemanco, en el que se instalaron esculturas modernas de reconocidos artistas de diversas naciones participantes en el evento. El Estadio Azteca, recientemente construido por Azcàrraga, también estuvo listo para albergar el futbol olímpico.

Aeronaves de Mèxico, entonces de propiedad estatal, tuvo a punto los magníficos jets “Douglas DC 8” y “DC 9” mientras que la Compañía Mexicana de Aviaciòn contaba con los “De Havilland Comet IV C” para traer a visitantes y deportistas. El equipamiento hotelero de la iniciativa privada estuvo a la altura de las exigencias: El 26 de julio se inaugurò muy a tiempo el bello hotel “Camino Real” y junto con el “Marìa Isabel Sheraton”, “El Continental”, y los clàsicos “Del Prado”, “Gènova”,“Gillow”, o el “Ritz” por mencionar sólo algunos, atendieron el evento, junto con restaurantes de la época.

Las agencias de viajes y tour operadores estuvieron también a la altura para servir a tantos visitantes que querìan admirar la recientemente inaugurada segunda sección del “Bosque de Chapultepec”, y los recientemente construidos Museos de Antropologìa, de Arte Moderno y la Galerìa de Historia de “El Caracol”, haciendo su parte para que todos se llevaran una grata impresión de nuestro país.

Por eso hoy que se cumplen 50 años de ese magno evento, es justo recordar que desde entonces Mèxico ya podía ufanarse de tener una industria turística líder a nivel mundial.


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