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cómo esta ciudad texana va evolucionando cada vez más para convertirse en un destino turístico muy importante.

Luego de un cómodo vuelo de 1 hora y 40 minutos con el excelente servicio de Continental Airlines y de instalarnos en las renovadas habitaciones del Westin Galleria, fuimos a comer al restaurante Artista, donde Jorge Franz, Subdirector de Turismo de la Oficina de Convenciones y Visitantes de Houston nos dio la bienvenida y nos platicó un poco de lo que están haciendo para promoverse internacionalmente, no sin antes mencionar que para ellos México es el principal mercado, por lo que invierten ahí 750 mil dólares al año.

 

 


 

“En estos momentos –platicó a Turistampa—estamos promoviendo las grandes transformaciones del centro de la ciudad, tales como Discovery Green, el Acuario, los museos, restaurantes, teatros y lugares con buena música. Por otro lado, también estamos invirtiendo mucho tiempo y trabajo para convertir a Houston en un centro internacional de convenciones (de hecho, estamos cabildeando para obtener la sede del Congreso Mundial del Petróleo en 2011). Además, queremos que la gente sepa de la buena vida nocturna que ofrece la ciudad en lugares tan divertidos como Houston Pavillions, donde se ubican House of Blues y Lucky Strike Lanes”.

Todo eso lo fuimos platicando mientras le hacíamos los honores a un buen churrasco, una copa de vino y, para terminar, un delicioso pastel de chocolate. De ahí caminamos al cercano City Hall, donde se encuentra el Houston Visitor Center, con toda la información, mapas, tips y souvenirs que cualquier visitante pueda necesitar.

Después, una relajante caminata por el nuevo Discovery Green, un extraordinario parque ubicado frente al Centro de Convenciones que fue diseñado tomando en cuenta las sugerencias y necesidades de los habitantes de la ciudad: espacios verdes, obras de arte, un lago, 2 restaurantes, espacio para mascotas, juegos infantiles y un ambiente de lo más agradable.

Dos cuadras más adelante nos topamos con Houston Pavillions, un centro de compras, diversión y gastronomía capaz de satisfacer las expectativas de todos los visitantes. Primero nos instalamos en Lucky Strike Lanes, un boliche con restaurante y bar para divertirse en grande o realizar todo tipo de celebraciones; luego, un recorrido por las tiendas y los restaurantes, entre los que destacan III Forks, un clásico texano de muy buenos cortes y Guadalajara del Centro, un buen homenaje a la comida mexicana. Decidimos cenar en House of Blues, con buena música y cocteles para refrescar la noche.

Al día siguiente desayunamos en el Daily Grill, del Westin Galleria, donde la decoración recuerda los excelentes tiempos de los restaurantes caseros estadounidenses y la cocina es de muy buen nivel (muy recomendable el bagel con salmón para desayunar). Luego nos trasladamos al Distrito de Museos, que es uno de los mejores del país y donde lo difícil es elegir, pues todos son muy atractivos. Nos decidimos por el Museo de la Salud, que resultó ser muy interesante, con exposiciones interactivas y mucho que aprender sobre nuestro propio cuerpo. Por supuesto, quien tenga el tiempo suficiente debe visitar el Museo del Niño, el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias Naturales.

Regresamos a la Galleria para comer en Gigi’s, un feudo de reciente aparición que ha sabido combinar los mejores sabores de las más destacadas cocinas del lejano oriente, toda una experiencia de exotismo y buen sazón.

Una visita al Acuario, que es una verdadera joya de Houston, donde uno puede pasar varias horas de entretenimiento viendo a los peces, a los tigres blancos, tomando una copa en el bar o un bocadillo en su excelente restaurante y, al final, por supuesto, un paseo en el trenecito para pasar  por el túnel de los tiburones y luego subir a la rueda de la fortuna. Poco después de las seis de la tarde corrimos al Minute Maid Park, donde los juegos de beisbol comienzan a las 7:05 de la noche y los Astros reciben a otros equipos para darle acción y emoción a la ciudad. A veces ganan y a veces pierden, pero en realidad disfrutamos muchísimo el ambiente, con familias y grupos de amigos por todas las gradas del estadio, comiendo esos enormes hot dogs típicos de los espectáculos deportivos y echando porras a su equipo. Muy divertido.

Al día siguiente, luego de un rico omelette en el Daily Grill nos acordamos de que estábamos precisamente en la Galleria, uno de los centros comerciales más populares entre los turistas mexicanos, así que dedicamos un buen rato al deporte extremo más peligroso de todos: el shopping.

Por la tarde nos invitaron a conocer el Hotel Saint Regis, una verdadera joya de lujo y sofisticación, de elegancia y excelente servicio personalizado. Comimos ahí mismo, en su famoso restaurante The Remington, donde el New York Steak es una verdadera especialidad y el salmón a las brasas no se queda atrás. Luego, un breve recorrido por las suites, la piscina y el salón de té, todo un mundo pensado para los viajeros más exigentes.

Al final, nos quedó muy claro que si bien Houston sigue siendo un lugar excelente para las compras y los negocios, así como para tratamientos médicos de primer nivel, también es cierto que ha evolucionado muy favorablemente para convertirse en un destino cultural por excelencia, con museos de clase mundial, ópera, teatro, música sinfónica, todo tipo de conciertos y una diversidad racial que sólo enriquece el panorama de la ciudad.

Además, encontramos restaurantes extraordinarios, muy buenos lugares para tomar la copa y escuchar música, deportes profesionales para todos los gustos, espacios al aire libre que propician la relajación y el contacto con la naturaleza y, por supuesto, una infraestructura de servicios turísticos como en pocas ciudades del mundo.

Por Vicente Ochoa


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