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EL DÍA MUNDIAL DEL TURISMO

CELEBRAR O CONMEMORAR

 En el mes de septiembre de 1979, hace 34 años, en Torremolinos España, la Organización Mundial de Turismo decidió instituir el Día Mundial del turismo, a partir del siguiente año: 1980.

La declaratoria nació con el propósito de profundizar en la sensibilización de la  comunidad internacional respecto a la importancia del turismo y su valor social, cultural, político  y económico. El evento intenta contribuir a afrontar los retos mundiales señalados en los Objetivos  de las Naciones Unidas para el Milenio, e incidir en la contribución que puede aportar el sector turístico para alcanzar estos objetivos. Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La Declaración del Milenio fue aprobada por 189 países y firmada por 147 jefes de estado y de gobierno , en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas celebrada en septiembre de 2000. Los Objetivos de desarrollo del Milenio (ODM), ocho ambiciosos objetivos que se intenta alcanzar para 2015, se basan directamente en las actividades y metas incluidas en la Declaración del Milenio.

Pero aún antes de estos eventos las Naciones Unidas ya se habían preocupado por el futuro de un turismo sustentable, equitativo y promotor de riqueza en los lugares de acogida; en las comunidades anfitrionas. En el mes de junio de 1992 se llevó a cabo en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, lo que se llamó LA CUMBRE DE LA TIERRA.

La Conferencia fue la oportunidad de adoptar un programa de acción para el siglo XXI, llamado Programa 21 (Agenda 21) que enumera algunas de las 2 500 recomendaciones relativas a la aplicación de los principios de la declaración.

Tiene en cuenta las cuestiones relacionadas con la salud, la vivienda, la contaminación del aire, la gestión de los mares, bosques y montañas, la desertificación, la gestión de los recursos hídricos y el saneamiento, la gestión de la agricultura, la gestión de residuos. Incluso hoy, el Programa 21 es la referencia para la aplicación del desarrollo sostenible en los territorios.

La sección III del informe de la Conferencia de Río, destacó el papel de los diferentes actores en la aplicación del desarrollo sostenible: mujeres, jóvenes y niños, los pueblos indígenas, las organizaciones no gubernamentales, autoridades locales, sindicatos, empresas, investigadores y agricultores.

México, como firmante de estos acuerdos adoptó el compromiso de aplicar en los destinos turísticos del país el programa de la Agenda 21. En alguna ocasión un pequeño equipo de expertos realizó en Puerto Vallarta un diagnostico que mostró nuestras miserias..  El programa fue abandonado por gobiernos subsecuentes en irresponsable muestra de respeto por los acuerdos internacionales que si bien no son obligatorios si son vinculantes con la comunidad internacional.

En diciembre de 2001, la OMT aprobó el Código de Ética para el turismo con el objetivo de maximizar la contribución socio-económica del sector en las comunidades donde opera. Aboga por un turismo que contribuya al crecimiento, a un desarrollo incluyente y a la sostenibilidad ambiental.

Para ser congruentes con sus compromisos internacionales y por interés nacional, los gobernantes a  todos los niveles, debieran tomar conciencia de intentar cumplir, primero con el propósito de la creación del Día Mundial del Turismo y luego con los Objetivos del Milenio, y principalmente con el Código de Ética en el turismo.

Ni una cosa ni otra son materia de preocupación para nuestras autoridades del sector, a ningún nivel. No pasa de tibias declaraciones y modestas actividades, solo para celebrar una fecha que en el fondo no les significa mayor cosa. En algunas ciudades turísticas la fecha se celebra, cuando debía conmemorarse. Esta discordancia gramatical hace toda la diferencia.

Celebrar significa alabar, aplaudir o encarece a una persona o cosa. Mientras que conmemorar significa memoria o recuerdo que se hace de una persona o cosa. Es decir: RECORDAR

En materia de turismo en México no tenemos mucho de que celebrar en los últimos años, pero si tenemos que conmemorar o recordar: la Agenda Local 21, los Objetivos del Milenio y el Código de Ética para el turismo debieran recordarse cada año con acciones que dignifiquen la actividad turística.

Que el turismo es importante social, cultural, política y económicamente, no existe la menor duda. Todos los políticos lo cantan como estribillo popular. Que mediante el turismo se coadyuve a alcanzar los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio, es asunto muy diferente. Que se trabaje en alcanzar los indicadores de la Agenda Local 21, es letra muerta; que se auto aplique el Código de Ética en el Turismo, los actores, comenzando con las autoridades se hacen los sordos.

Como muestra ahí están los cinturones de miseria en todas las ciudades turísticas del país. Aún cuando la pobreza sea menor que en otros centros urbanos o rurales, la pobreza no se justifica cuando se conocen las cifras que supuestamente derrama el turismo en muchas comunidades del país.

En cuanto a garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y la economía, es otro gran pendiente de nuestras autoridades que son quienes debieran hacerlo. Desde los arrecifes de coral que destruyen los cruceros turísticos y la contaminación que esparcen en aguas internacionales hasta los manglares que destruyen desarrolladores insaciables coludidos con autoridades corruptas a la pobreza que causa la inequitativa derrama del gasto turístico en las comunidades anfitrionas. ¿Para qué están entonces las autoridades? Sino para garantizar la aplicación de las leyes y honrar los compromisos nacionales e internacionales que deben regir a una industria que adolece de suficientes normas para un desarrollo sostenible y sostenido.

Emitir a los medios declaraciones mentirosas con el pueril intento de engañar bobos en los mercados que nos alimentan, es deshonestidad profesional. Organizar palestras para que algunos políticos de desecho escuchen palabras alusivas y conferencias para “salir del paso” es una falta de respeto a una industria que supuestamente es prioritaria por su contribución al PIB nacional, y es la base de la economía de varias comunidades del país.

No es entonces fortuito que nuestra industria turística nacional se haya derrumbado en el ámbito internacional, si ni siquiera contamos con una ley federal de turismo congruente con los tiempos que corren; que la propuesta ni siquiera contempla el cumplimiento de los compromisos internacionales en la materia. ¿Sería por ello que el programa se descartó?

En los destinos provincianos las autoridades de turismo desconocen y desatiendes la razón de su responsabilidad confundiendo lo que debiera ser una grande celebración en insensible silencio oficial.


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