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Luz, movimiento, música, tecnología y, más que nada, creatividad, sentimiento, alegría, pasión. Todo eso, y mucho más, fue lo que pudimos experimentar al asistir a una función de Fandango, la obra creada especialmente para el escenario del nuevo Teatro Vallarta, un espacio contemporáneo y funcional que ha venido a darle a Puerto Vallarta la posibilidad de presentar obras de teatro, musicales, grandes conciertos, ballets y mucho más.

Luz, movimiento, música, tecnología y, más que nada, creatividad, sentimiento, alegría, pasión. Todo eso, y mucho más, fue lo que pudimos experimentar al asistir a una función de Fandango, la obra creada especialmente para el escenario del nuevo Teatro Vallarta, un espacio contemporáneo y funcional que ha venido a darle a Puerto Vallarta la posibilidad de presentar obras de teatro, musicales, grandes conciertos, ballets y mucho más.

 


 

De repente, los mariachis estaban tocando en combinación con el grupo de jazz y, aunque parezca increíble, el sonido era de lo más armónico y seductor, casi como el movimiento de 30 bailarinas y bailarines en escena, representando, muy a la manera contemporánea y con una gran calidad, algunas tradiciones mexicanas y algunas piezas muy queridas de nuestro folclor, sólo que ahora más vivas, seducién­donos, envolvién­donos, atrapándonos con facilidad, haciendo que nos colocáramos al borde de la butaca, la tensión increscendo y el goce también, atestiguando cómo se iban entrelazando el baile folclórico con el ballet clásico, el jazz con el bolero, el baile típico irlandés con el floreo de reata de un charro y la animosa presencia de un buen mariachi.

Claro, se supone que estamos en Puerto Vallarta para ver su infraestructura en cuanto a turismo de reuniones, pero sabemos que algo muy importante para los convencionistas es saber qué pueden hacer en los tiempos libres. El Teatro Vallarta, desde luego, es una gran opción.

Otro asunto muy importante es la gastronomía del lugar donde se realiza la convención, pues la gente acostumbra comer muy bien cuando está de viaje y, de hecho, siempre quiere probar los platos típicos de la región y conocer los mejores restaurantes. En Puerto Vallarta eso es algo muy difícil, pues hay que elegir entre muchos feudos de gran calidad, con chefs muy imaginativos y talentosos, de modo que tuvimos que hacerle los honores a un delicioso pescado al horno, unos tacos de langosta y un fresco ceviche de camarón en el restaurante La Estancia, del Marriott Casamagna, donde los chefs y todo el personal parecen haber nacido para brindar el mejor servicio y la mejor experiencia gastronómica que pueda usted imaginar.

A la mañana siguiente, una interesante lección de golf con el pro David Quiroz en el campo Vista Vallarta, un sueño hecho realidad y con vista a la Bahía de Banderas. Quizá 30 minutos no sean suficientes para aprender a jugar al golf, pero sí aprendimos que se trata de un deporte muy serio y exigente, que puede ser tan divertido como retador y que es una excelente actividad alternativa para los convencionistas y sus familias.

Llegamos entonces al Centro Internacional de Convenciones de Puerto Vallarta, un recinto de 43 millones de dólares en 42 acres que se ubican a 5 minutos del aeropuerto y a 10 de los principales hoteles. Laura Suárez, su directora comercial, nos mostró amablemente todas las áreas del centro, empezando por su gran salón de 54 mil pies cuadrados (el centro tiene, en total, 105 mil pies cuadrados) y divisible en ocho espacios a prueba de ruido; por supuesto, hay salas más pequeñas y medianas para todo tipo de juntas, cuentan con una cocina industrial en verdad impresionante, sala de prensa, posibilidades para exhibiciones y toda la tecnología de vanguardia que se necesita para una junta exitosa, más amplios estacionamientos y un diseño fresco y contemporáneo que seguramente lo están convirtiendo en uno de los recintos favoritos del país.

Desde luego, el Centro Internacional de Convenciones se combina y complementa con los salones y servicios que ofrecen los principales hoteles de Vallarta, como Marriott Casamagna Vallarta Resort & Spa, Barceló la Jolla de Mismaloya, Dreams, Fiesta Americana, Sheraton Buganvilias Resort & Convention Center, The Westin Resort & Spa, Canto del Sol, Casa Velas, Crown Paradise, Golden Crowne Paradise, Hotel Puerto Vallarta Club & Spa, Holiday Inn, Meliá, NH Krystal, Velas Vallarta Suites, Spa and Convention Center y Hacienda Hotel.

Luego de tanta modernidad y tecnología se antoja algo más refrescante, algo así como deportes extremos y contacto con la naturaleza, así que nos dirigimos al Edén Ecopark para nadar en el río, hacer tirolesa y caminar por la montaña, algo en verdad inigualable para descargar la adrenalina y relajarse, todo lo cual fue coronado con una deliciosa comida a base de barbecue, camarones, pescado, buenas ensaladas y una cerveza bien fría, ¿puede alguien imaginar algo mejor?

Esa noche, el equipo de montajes del Marriott Casamagna nos invitó a cenar y, de paso, a ver los diferentes tipos de escenografías que suelen montar para los grupos que los visitan. El cliente puede elegir entre motivos prehispánicos, noche de carnaval, ambientación marina y muchos otros, pero lo más importante es que siempre contará con el mejor equipo y una gran asesoría para que su evento sea todo un éxito. La cena, por supuesto, fue memorable.

Al día siguiente, acicateados por la curiosidad de conocer una de las propiedades más nuevas de Puerto Vallarta, fuimos a comer al hotel Garza Blanca, que resultó ser de lo más seductor gracias a su diseño de impecable buen gusto, sus espacios amplios y frescos, sus inmejorables vistas al mar, su extraordinaria piscina, sus jacuzzis y su restaurante Blanca Blue, donde la palabra gourmet parece ser sinónimo de cotidianeidad, pues sirven platillos que pueden considerarse como cocina de autor y que son capaces de satisfacer al más exigente de los comensales. Fue una experiencia muy grata y, aunque no tiene salones y prefiere mantenerse muy cerca del concepto de hotel boutique, el Garza Blanca es el sitio ideal para una boda íntima o para una inolvidable recepción junto a la piscina.

Por la noche, y para no variar el tema, realizamos una cena progresiva, de modo que empezamos con unos aperitivos en La Leche, el exitoso feudo que está de moda en Vallarta y donde sirven excelentes costillas de cordero, muy buen pescado, paté de atún y varias otras delicias. Luego fuimos a Tikul, un restaurante de sabores mediterráneos ubicado frente a la Marina, de modo que es en verdad maravilloso sentarse ahí para comer una fresca ensalada mientras el sol se va poniendo lentamente detrás de los veleros. Por último, algunos postres en el ya conocido Café des Artistes, el cual cuenta ya con fama y tradición dentro de la escena gastronómica de Vallarta. La noche terminó, claro está, con unos caballitos de tequila Casamagna, el tequila exclusivo del Marriott, en el lobby bar, que suele ser muy animado.

A la mañana siguiente despertamos con la tristeza de saber que ese día nos íbamos de Puerto Vallarta, así que decidimos aprovechar muy bien las últimas horas en el paraíso. Primero, un relajante masaje sueco en el excelente spa del Marriott Casamagna, donde la relajación y el bienestar son la premisa fundamental. Después, un riquísimo desayuno en La Estancia, donde sirven los mejores chilaquiles preparados al momento, además de omelettes, puntas de filete, quesadillas, sushi, menudo, fruta, jugos, yogurts, pan dulce y mil cosas más que enamoran a los sentidos, como las tortillas hechas a mano y el jugo de lima (muy de Jalisco), en un buffet realmente memorable. Buen viaje.

Por Vicente Ochoa

 


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