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Si lo que uno quiere es visitar museos e impregnarse de una cultura antigua, ver ruinas arqueológicas o pasar unos días en una gran ciudad de enormes rascacielos, este no es el lugar ideal para ir… pero si lo que uno desea es adentrarse en la exuberante vegetación de un bosque lluvioso, vivir aventuras a toda velocidad desplazándose a través de un cable sobre las copas de los árboles, escuchar el canto de las aves y el croar de las ranas, darse un baño de barro volcánico o nadar bajo el chorro de una cascada, entonces si, este es el lugar al que tiene que ir, este lugar es un país pequeñito en el centro de América, este lugar se llama Costa Rica.

 


 

Nuevamente el Instituto Costarricense de Turismo tuvo la gentileza de invitarme a su país, el año pasado llegué allá sin saber a ciencia cierta lo que habría de encontrar, en cambio, en esta ocasión ya contaba las horas que faltaban para abordar mi vuelo de Taca y lanzarme a una nueva gira segura de que sería emocionante, divertida e interesante. Sabía que Mario Badilla y Freddy Lizano estarían ahí, con el grupo de prensa internacional para el que organizaron un viaje fuera de serie y que abarcaba tantos lugares que pernoctamos cada noche en un hotel diferente. Mil kilómetros recorridos en una semana en la que nuestros sentidos se llenaron de aromas, sabores, sensaciones. Y ahí estaban también Saúl Ruiz y Olman Hernández, igualmente del ICT.

De San José al cantón de Pérez Zeledón circulando por la “Carretera de la Muerte” con su gran cantidad de curvas a 3,400 metros de altura, convirtiéndose así en la carretera más alta de Centroamérica.

Al llegar nos llevaron directamente al poblado de San Isidro de El General, que este 21 de agosto cumple cien años desde su fundación. Desayunamos en un pintoresco lugar, el Trapiche de Nayo, donde se procesa de forma artesanal el jugo de la caña para hacer agua miel y un dulce típico llamado tapa de dulce y otro también muy bueno conocido como sobado.

Pérez Zeledón es el cantón más grande de la provincia de San José, está integrado por once distritos y tiene 130,000 habitantes. Después del exquisito desayuno con lo más emblemático de Costa Rica, el grupo fue dividido para disfrutar de las diferentes actividades que nuestro anfitrión, el señor Fabián Vargas, presidente de TURISUR, nos tenía preparadas, de tal modo que hubo entre nosotros quienes se divirtieron en el canopy, mientras otros disfrutaron del avistamiento de aves en el refugio de aves Dr. Alexander Skutch “Los Cusingos” y el resto nos fuimos a caballo a ver las Cataratas Namú. Al cabo de unas horas nos reunimos todos nuevamente en el Coffee Valley para conocer un poco de la historia de San Isidro.

Al día siguiente, nos llevaron a la población de San Gerardo de Rivas, donde algunos de nosotros fueron a Quesos Canaán y al hotel Monte Azul, mientras que el resto visitamos los Jardines Secretos. Estos jardines fueron diseñados en forma de laberinto, muy hermosos en donde se pueden apreciar hasta 300 especies de plantas y flores como tabacones, bromelias, orquídeas y helechos. El lugar cuenta con un kilómetro de senderos en los que hay riachuelos y laguitos. Su nombre se debe a que desde el camino, uno no puede imaginar lo que hay adentro, bien vale la pena visitarlo y si hay tiempo incluso acercarse al mirador desde el que se aprecian hermosas vistas de las montañas. Los Jardines Secretos cuentan con una cabaña en la que se ofrece alojamiento por la noche al increíble precio de 8 dólares por persona con el desayuno incluido.

Cerca de esta población se encuentra el Parque Nacional Chirripó, en una extensión de 50,920 kilómetros, es el páramo más extenso de Centroamérica, y sede de la montaña más alta del país, el cerro Chirripó, localizado a 3,820 metros sobre el nivel del mar. Este Parque cuenta con glaciares y lagos de gran belleza.

El tercer día de nuestro viaje visitamos el hotel Dantica Lodge ubicado en el corazón del bosque nuboso, pero a lo alto de una montaña desde donde puede apreciarse el valle de San Gerardo de Dota y los Quetzales. El hotel en sí es una belleza con su decoración minimalista. Una de las principales actividades recreativas en esta región es la observación de aves, como el quetzal al cual tuvimos oportunidad de apreciar a los alrededores del hotel de montaña Savegre, donde algunos de nosotros nos hospedamos.

De igual forma la pasamos increíble desplazándonos por los cables del canopy que ofrece el hotel Trogones. Emoción a toda velocidad en un entorno maravilloso.

Después de una estancia de una noche en San José donde tuvimos la oportunidad de conocer el Gran hotel Costa Rica, de gran tradición en la ciudad, nos llevaron hasta el poblado de La Fortuna, en las inmediaciones del volcán que quizás sea el más famoso del país: el Arenal y para bendición nuestra el cielo estaba despejado, por lo que pudimos admirarlo en todo su esplendor.

En La Fortuna no sólo disfrutamos de sus exquisitas aguas termales, sino también de la hospitalidad de sus habitantes, gente bien amable que nos hizo sentir bienvenidos. De lejos alcanzamos a ver la caída de la catarata del Río Fortuna, nos hubiera gustado acercarnos a verla, pero ya unos pequeñitos nos tenían preparados unos bailes típicos al tiempo que una banda local interpretaba las melodías, de modo que nos olvidamos por un rato de la naturaleza del lugar, para disfrutar de un tesoro aún mayor: los niños.

Lo que siguió en nuestra bitácora de viaje fue una actividad tras otra, la visita al Rancho Margot en donde se trabaja la tierra y se cría a los animales de la misma forma en que se hacía en tiempos antiguos, sin químicos que arruinen la salud. Es un lugar muy interesante que además funciona como hotel, sus habitaciones están muy lindas y la comida que ofrecen es de lo mejor, de su propio huerto y de su propia fauna. En Hornillas de Miravalles en Bagaces, nos sumergimos en el lodo volcánico que se encuentra en este lugar propiedad del señor Johnny Álvarez quien nos explicó que se trata del cráter del volcán Miravalles. Visitamos el fantástico hotel Borinquen y recorrimos la costa del Pacífico hasta llegar a Puntarenas en la provincia de Guanacaste donde visitamos la playa Jobo y Rajada, cerca de la ciudad de Liberia y ya casi para llegar a la frontera con Nicaragua.

Nos embarcamos en Puntarenas en el yate Bay Princess que nos llevó hasta Puerto Caldera, uno de los puertos mercantes más importantes de Costa Rica, junto con el de Limón en el Caribe. A bordo disfrutamos de un grupo musical muy alegre, que nos animó a bailar a pesar del movimiento de la nave y del aguacerazo que nos cayó.

Y ya para terminar nuestro viaje, nuevamente desde San José nos trasladamos a la provincia de Heredia para visitar las instalaciones de Café Britt en donde nos enseñaron cómo se procesa el café y en forma muy divertida nos mostraron su historia, pero esa… es otra historia.

Por: Laura Ibarra

 


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