Columnistas
Perfiles AéreosCaja de las SorpresasDe Esto y AquelloTribuna PúblicaMarket PubCiudad AbiertaEditorialAnálisis TurísticoComentariosEl Despertar HoteleroAlrededor del turismoNuestro pasadoDespegandoPerfiles del Turismo
El Ejecutivo del día
Noticias principales
ArrendadorasCrucerosAgencias de ViajesHoteleríaLíneas AéreasGenerales Destinos Extranjeros
Preguntas cónsul EUA
Secciones Especiales
Visit FloridaLas Vegas
Suplementos
MexicoOrienteExpo VacacionesMallsLunas de MielLíneas AéreasHotelesCentro y SudaméricaEuropaEstados UnidosCancúnCruceros
Núm. anteriores
 
 
     

Análisis Turístico

* El “encierro” de los turistas en algunos destinos de playa.

* El desdén hacia el cliente no-hospedado solo se traduce en dejar de ganar.

* Perniciosa práctica que a todos perjudica.

 

)

En algunas playas del país hemos observado una práctica bastante peculiar: Los hoteleros acostumbran “blindar” sus espacios que originalmente fueron diseñados como “públicos”. Esta situación busca favorecer a sus clientes hospedados, pero en realidad hace perder negocio a los propios hoteleros.

 

Una faceta fundamental del turismo es la de pasear y conocer, es decir, tener una experiencia de “recorrido”. Limitar esta experiencia haciendo muy restrictiva la entrada a visitantes no hospedados conlleva pérdida de oportunidades para el establecimiento que lo practica y frustración del cliente que quisiera conocer y consumir en las áreas supuestamente “públicas” de los hoteles.

 

En Ixtapa, por ejemplo, si uno está hospedado en un hotel y quisiera desayunar o cenar en otro se toparía con burdas restricciones que le impedirían hacerlo: El resultado es que la mayoría de los clientes sólo conocen y consumen en un hotel. Y si éste es de la modalidad de “todo incluido”, la movilidad de los turistas se reduce al mínimo.

 

El turista en ese caso no tiene incentivos para prolongar la estancia, pues si no puede moverse a conocer otras instalaciones concluirá que no hay razón para quedarse mucho en un destino en el que no se promueve el libre tránsito en las áreas “públicas”.

 

Destinos más ingeniosos como Las Vegas, por ejemplo, promueven y fomentan que los huéspedes de otros hoteles disfruten de sus instalaciones y hasta instalan anexos con centros comerciales sofisticados, restaurantes, bares, espectáculos, discotheques y demás atractivos. Incluso el servicio de estacionamiento y el “valet-parking” es gratuito para que el visitante no-huésped se quede todo el tiempo que desee. Claro que todo tiene como finalidad el propiciar que la gente juegue, pero podrían muy bien aplicarse algunos elementos en destinos que, como las playas, no necesitan casinos pero que pueden ofrecer atractivos naturales y culturales enriquecedores y complementarios.

 

Es decir, los distintos hoteles, restaurantes, y demás negocios y atracciones de un centro turístico pueden ganar mucho si con ingenio y creatividad concilian la seguridad y tranquilidad deseadas con la oportunidad de que clientes no-hospedados puedan realizar consumos en sus instalaciones.

 

Si se logra con imaginación crear las condiciones para generar sinergia entre todos los prestadores de servicios turísticos de una comunidad se entraría a una dinámica de relación “gana-gana” en la que todos los involucrados incrementarían los beneficios obtenidos, al mismo tiempo que el turista incrementaría su satisfacción al tener mayores posibilidades de esparcimiento.

Habría que recordar que en el turismo debe existir una competencia leal entre los distintos negocios turísticos, pues si se logra la complementariedad entre distintos hoteleros, por ejemplo, todos salen ganando y además la imagen general del destino (mismo barco en el que van todos) mejoraría notablemente.

 
 
 
 
ffff